Abdías Para Principiantes


¿Qué pasa por la mente de un padre al cual le acaban de violar a su hija? ¿Qué piensan los campesinos que por la fuerza han sido sacados de sus tierras, dejando su futuro en el pasado? ¿Qué tipo de sentimientos anidan en el corazón del ciudadano común que vive en carne propia los vejámenes de quienes ostentan el poder? ¿Qué siente alguien que ha sido traicionado por su amigo? Si tuviésemos la oportunidad de tener registros audiovisuales o escritos de los pensamientos, sentimientos y actitudes de las personas en las situaciones anteriormente descritas, tendríamos la oportunidad de apreciar la justa impotencia, y el odio hacia sus detractores; pero sobre todo, los profundos deseos de justicia hacia ellos por parte del Estado. Esta misma situación es la que se da en Judá a la luz de la tragedia del exilio y los vejámenes que le propinaron sus enemigos en las invasiones. Los registros escritos dan fe de ello; basta con dar un vistazo al libro de las Lamentaciones, al salmo 137 y al texto del profeta Abdías[1][1].

Hay dos hechos importantes que tejen la trama y el mensaje de Abdías: uno es el evento histórico de la irrupción de Babilonia al reino del sur, Judá, para llevarlos como botín de guerra a tierra extraña; el otro, que surge como consecuencia del primero, al nacer ese sentimiento de impotencia, cuando las instituciones colapsan y se experimenta en carne propia la vejación, la violación de sus mujeres y el asesinato brutal de sus niños. Este hecho es la convicción teológica de que Dios es justo y está al control de todo (aunque a veces esto no parezca muy claro); por ello se va ante él clamando en oración justicia. Es el salmo 137 el que presenta una oración de imprecación pidiendo venganza divina en favor de Judá y en contra de Edom. Así, el salmista ora pidiendo justicia, y en el mensaje de Abdías Dios responde afirmando su reino y condenando a Edom[2][2]. La profecía de Abdías describe el castigo divino a Edom por la actitud hacia Judá, su hermano, en el día de la dificultad y la angustia. Pero, ¿cómo se da esto? Veámoslo:

El mensaje de Abdías se presenta en una estructura sencilla[3][3]: en la introducción (v.1) se convoca a una confederación de naciones vecinas para que unidas apunten a Edom en batalla. Mientras esta voz se extiende y los ejércitos se alistan para la batalla, el profeta describe con lujo de detalles a Edom y dice qué es lo que Dios hará con este pueblo (vv.2-9). El problema fundamental de Edom es su orgullo y arrogancia. Hay algunos elementos que han jugado un papel importante en el cultivo de esas actitudes. En primer lugar, su posición geográfica: estaba incrustado en una zona montañosa y empinada, lo que hacía casi imposible llegar a tocarlo; por ello, lanza con arrogancia la pregunta “¿Quién podrá derribarme?”[4][4] En segundo lugar, su fuerza militar: la posición geográfica era militarmente estratégica, y hacía alarde de su valientes (v.9). En tercer lugar, sus relaciones y alianzas eran símbolo de confianza y seguridad (v.7). En cuarto lugar, sus sabios y entendidos; Edom fue conocida por su habilidad en los negocios y astucia diplomática (v. 8 Cp. Jr 49:7). Y en quinto lugar, sus tesoros, su orgullo económico.

Hasta aquí Edom ha sembrado la semilla de su propia destrucción. Sus ventajas geográficas, militares y demás, han sido utilizadas para alimentar su ego, su carrera a la dominación. Edom pasará de lo alto a lo bajo, de ser amada a ser despreciada, de ser grande a ser pequeña. Edom olvidó algo importante: por más alto que uno suba, siempre habrá alguien más arriba. Ante el Señor, cualquier sitio será inseguro. No habrá escondite. Con toda razón el proverbista declara: “antes de la quiebra está el orgullo; y antes de la caída, la altivez de espíritu” (Pr 16:18). Hasta el momento solo se ha descrito lo que Dios le hará a Edom; sin embargo, se debe mirar también el porqué de la situación descrita.

Siendo Edom descendiente de Esaú, y Judá descendiente de Jacob, Judá esperaba una actitud diferente de parte de Edom, al caer en manos de Babilonia. El profeta describe ahora el porqué del castigo divino: Edom no fue solidario con sus hermanos. Eso dolió, porque no hay mal que más duela que el causado por aquellos que consideramos cercanos y amigos. Edom fue traicionero, indiferente; se gozó con el mal ajeno, habló más de la cuenta; aprovechó la vulnerabilidad de Judá para entrar, mirar y tomar; asaltó y traicionó (vv.10-14). Por eso el salmista ora de manera imprecatoria: “Señor, acuérdate de los edomitas el día en que cayó Jerusalén. ¡Arrásenla, gritaban, arrásenla hasta sus cimientos!” (Sal 137:6). El “acuérdate” aquí no es simplemente una acción mental de traer a la memoria, sino que tiene que ver con ‘tomar cartas en el asunto’. Recordemos que a esta imprecación, a estos sentimientos por la justicia de Dios, responde Abdías en su libro. Su mensaje es: Edom será castigado por Dios por la actitud hacia Judá, su hermano, en el día de la dificultad y la angustia. Dios afirmará su reino, Edom desaparecerá.

Ahora el profeta anuncia que “el día del Señor” está cercano, que será un tiempo de venganza[5][5]. Edom pagará de la misma manera que trató a Judá. Será un verdadero festín, las naciones beberán de Edom (vv.15, 16)[6][6]. El profeta anuncia el regreso del pueblo a su tierra, al monte Sion. Con una retórica magistral, Abdías dice que Judá pasará de ser quemada a quemar, de no poseer a ser poseedor, de ser perdedor a ser triunfador. De esta manera el reino del Señor será reivindicado (vv.17-21). Así, el reino, el gobierno de Dios, es anunciado creando expectativa y esperanza. Para el profeta, solo con la destrucción de Edom, símbolo de los poderes terrenales que se levantan contra Dios, será completada la restauración. Este reino relativiza a todos los poderes y reinos terrenales[7][7]. Es así como la metáfora de “Dios como rey”, en el AT, no tiene una implicación caprichosa o altanera, sino más bien que comunica el ordenamiento de la creación como un lugar viable y fiable donde pueda desarrollarse la vida y el bienestar[8][8].

La situación descrita por Abdías (la tensión y enemistad entre Judá y Edom), hace parte de un asunto familiar que en el AT se va acrecentando hasta convertirse en una cuestión política con implicaciones internacionales y misiológicas. La lucha empieza en una matriz y termina con una guerra entre naciones (Gn 25:20-23 Cp. 2 Crón 28:17). La rivalidad llega hasta el siglo primero, cuando Herodes El Grande, Idumeo (edomita), trata de destruir al recién nacido niño Jesús (Mt 2:16). Es así como la pregunta hecha a Caín “¿dónde está tu hermano?” retumba en esta historia. El texto nos pregunta, sin rayar en actitudes maniqueas, por la solidaridad “¿De qué lado estamos?” Las posiciones, los diferentes espacios donde nos movemos, los usamos para vejar y maltratar o para servir, especialmente a aquel que ha caído en manos de delincuentes, ya sean comunes o egresados de Harvard.

En segundo lugar, la imprecación (oración por justicia) nace en el dolor o la tragedia, clama por la justicia y la deja en manos de Dios. En la teocracia la imprecación era remitida a Dios. En sistemas de gobierno como la democracia, la imprecación es remitida al Estado que tiene toda autoridad para impartir el derecho y la justicia. La imprecación no consiste tanto en desear lo malo, sino en anhelar justicia (2 Tim 4:11). Note que el orante no toma la venganza en sus manos: remite sus deseos de venganza y justicia a Dios. En tercer lugar, en el AT, Israel había sido escogido por Dios para darse a conocer a las naciones (Gn 12:1-3); para ello, Israel tenía que vivir como pueblo de Dios, como la nación del pacto; pero los demás pueblos eran responsables por la manera en la que respondían a la revelación de Dios en Israel. La respuesta podía traer juicio o salvación. En este sentido, en el NT, Jesús es el nuevo Israel; él asume la misión de Israel y la lleva a su punto culminante (Mt 2:15; Lc 2:25; 4:4). En Cristo están combinados los elementos del reino, como en Abdías, y la reivindicación de este Israel. Por ello, no es casualidad que Apocalipsis diga: “Todas las tribus de la tierra harán lamentación por él” (Ap 1:7). Así Dios lleva a cabo su misión: a través de Israel declara su reino, y dado que después del exilio quedan expectativas de un reino más completo (Mal 3:1; 4:5); en Jesús este reino llega (Mrc 1:14,15), Dios se revela para salvación y para juicio (Jn 3:17,18). Fin.

[9][1] “Por los eventos en mención, la fecha de composición del libro parece ubicarse en los años siguientes a 586 (Jr 49)” ABREGO DE LACY, J.M, Introducción al estudio de la Biblia: los libros proféticos. Verbo Divino- Estella (Navarra), 2003, p 186.

[10][2] Edom, descendiente de Esaú, hermano de Jacob, no se hizo solidario en los eventos del 587 y se puso al lado de Babilona.

[11][3] También se presenta una estructura más compleja en quiasmo, así:

A. Batalla contra Edom, v.1.

B. El monte de Edom humillado, vv. 2-9.

C. La violencia de Edom contra Judá, vv. 10-14.

D. El día del Señor: así se hará contigo, v. 15.

C’. Serás violentado, v.16.

B’. El monte Sion establecido, vv.17, 18.

A’. Batalla contra Edom, vv. 19,20.

[12][4] Edom estaba ubicada en las montañas del sur de El Mar Muerto.

[13][5] La fórmula usada aquí es la de la ley del Talión: Edom recibirá conforme a lo que hizo.

[14][6] La fórmula “el día de Yahvé” se convierte en la expresión técnica que resume el mensaje de esperanza propuesto por los profetas.

[15][7] CARHUACHIN, César. Abdías, en Comentario Bíblico Mundo Hispano Tomo 13: Oseas-Malaquías. Mundo Hispano-El Paso (Texas), 2003, p 166.

[16][8] BRUEGGEMANN, Walter. Teología del Antiguo Testamento: un juicio a Yahvé. Sígueme- Salamanca, 2007, p 260.

Tomado de: http://convozalta.blogspot.com/2012_06_01_archive.html


Acerca de bereano20

Por mas de 23 años he estudiado las Escrituras. Quiero animarles a meterse en las profundidades de la Palabra de Dios. I have gone into the writings for over 23 years. I want to encourage them to get involved in the depths of the Word Of God.
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