Predicando en el Mundo Postmoderno Segunda Parte: Jesús el Evangelista


Introducción

Nuestro Señor Jesús nos dio el mejor ejemplo de predicación. Nos dio también el mejor modelo de evangelización. En esta presentación deseo comentar un ejemplo específico de su técnica de evangelización. Miraremos al relato de su contacto con la mujer samaritana (Juan 4).

En el Nuevo Testamento destacan dos grandes técnicas de evangelización: la prédica y la conversación. Aquí vemos a Jesús evangelizando a través de una conversación personal.

Jesús se encontró con la mujer samaritana aparentemente por casualidad y cerca de un pozo. Después del encuentro, ella fue a invitar a la gente de su pueblo a que vengan a conocer a Jesús, “un hombre que me dijo todo lo que he hecho”, y les instó a considerar si era o no el Cristo. Como resultado muchos de los que atendieron a la invitación creyeron en Jesús. ¿Qué es lo que ocurrió? Nosotros estaríamos contentísimos con tal éxito en tal experiencia  de la evangelización transcultural. ¿Cuál fue el secreto de Jesús? Para decirlo en pocas palabras: fue que la comprendió. Lo que más le impresionó a la mujer fue que aquí había un hombre que la conocía, la comprendía y le revelaba sus necesidades más profundas: “me dijo todo lo que he hecho”. Jesús se relacionó con ella en forma muy personal.

Este hecho tiene importancia crucial para nuestra época postmoderna. En la época moderna anterior la gente se preocupaba con explicaciones científicas precisas, con evidencia y con racionalidad. Hoy, en la época postmoderna, las personas generalmente se preocupan más con el significado personal. La pregunta que se hace ya no es: “¿Es verdad?” sino “¿Cómo se siente?”. ¿Cómo debemos de interactuar con esta realidad?

El evangelio de Cristo es verdad. De hecho, Jesús da a entender que sólo en él está la verdad “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida”. No quiere decir que hemos cumplido a cabalidad nuestra tarea de comunicar el evangelio cuando hemos declarado las doctrinas de la fe cristiana de manera únicamente racional e impersonal. Como hemos visto en la prédica de Jesús, debemos de ilustrar y aplicar. Debemos de hacer que el evangelio sea personal, o para expresarlo de otra manera, debemos de hacer que las personas vean que el evangelio es personal. Jesús se relacionó con seres personales y con sus necesidades personales. Si vamos a seguir el ejemplo que dejó Jesús, y creo que debemos de hacerlo,  ¿cómo nos tocaría también evangelizar?

Relaciónate Con la Gente (Juan 4:4-9)

¿Quién habló primero? ¿Lo hizo Jesús o la mujer? Fue Jesús. El tomó la iniciativa. El comenzó la conversación. El se acercó a la mujer. El trajo abajo las barreras. Esto le asombró completamente a la mujer. Ella estuvo atada a  los prejuicios de su tiempo y lugar. Los hombres, especialmente los hombres religiosos, no hablaban con mujeres en público. ¡Los fariseos no hubieron hablado siquiera con sus propias esposas si las hubieran encontrado en la calle! Lo que es peor aún, los judíos no se relacionaban con los samaritanos. Esto implicaba que ni siquiera usarían los utensilios domésticos de los samaritanos. ¡Y Jesús le pidió un sorbo de agua de su taza!

¿Por qué había tanta animosidad entre judíos y samaritanos? Como la mayoría de prejuicios, tenía cientos de años. Se remontaba al tiempo del regreso de los judíos del exilio babilónico, 538 AC  y después. Tuvieron una recepción hostil de parte de la gente que vivía en la región de Samaria. Hay desacuerdo entre los eruditos de hoy en cuanto a si esos pobladores de Samaria fueron los antepasados directos de los samaritanos del Nuevo Testamento. El historiador judío Josefo, escribiendo en la generación después de Pablo, identificaba los dos grupos, lo que muestra que la enemistad entre judío y samaritano llevaba más de cinco siglos.

De todas maneras, los samaritanos del tiempo de Jesús practicaban una forma de la religión del Antiguo Testamento. Reconocían los libros de Moisés, los primeros cinco libros del Antiguo Testamento, como escrituras sagradas, y habían construido un templo en el monte Gerizím.

¡Nos confrontan prejuicios similares en nuestro tiempo: musulmanes y cristianos, protestantes y católicos, escoceses e ingleses, blancos y negros, criollos e indios, urbanos y rurales! ¿Cuál debería ser nuestra actitud? ¿Hemos de seguir el ejemplo de los judíos y los samaritanos? ¿O seguiremos el ejemplo de Jesús?

Jesús conocía el prejuicio de la mujer, pero lo superó. El no tenía prejuicio en contra de ella, aunque ella sí tenía en contra de él. Entonces, tomando la iniciativa, rompió la barrera. ¿Por qué rompió la barrera? La respuesta está en dos niveles. En el primer nivel, rompió la barrera porque necesitaba algo de ella. Tenía sed. Necesitaba beber agua y ella podía sacarla del pozo. Esto es significativo. Jesús no temía dejar ver su vulnerabilidad humana y dependencia de otras personas. Pedía prestadas las cosas constantemente. Le pidió a Simón su bote, envió los discípulos por un pollino, y se hizo la última cena en una habitación prestada. Muchas veces tenemos temor de pedir ayuda, o aprender algo, de los que no son cristianos. Todos los seres humanos son hechos a imagen de Dios y, bajo la gracia común de Dios, son capaces de contribuir al bienestar de la sociedad y al aumento del conocimiento en muchas áreas. No debemos de tener reservas para buscar la ayuda de un médico, o un mecánico o un amigo, sólo porque no son cristianos. De esta manera se rompen las barreras. No es legítimo que tengamos un sentimiento de superioridad que nos haga decir: “No puedes hacer nada para mí. ¡Yo debo ayudarte a ti!”.

El segundo nivel de respuesta se ve en el deseo de parte de Jesús para relacionarse con esta mujer. La vio como ser humano necesitado. Entonces, le trató como ser humano hecho por Dios, pero que estaba huyendo de él. Le habló. No mostró prejuicio. No hubo barreras de su parte. Quería conducir a esta mujer a que crea en él, y por eso se acercó a ella y se relacionó con ella. Nosotros también tenemos que relacionarnos con las personas. ¡No podemos evangelizar aislándonos de la gente! Jesús no se hubiera encontrado con esta mujer si antes no hubiese decidido ir por Samaria. Tampoco se hubiera encontrado con ella si no hubiese ido al pozo. Debemos de contactarnos con otras personas mientras se hacen las compras, el trabajo, el deporte, o alguna  otra actividad de todos los días.

Recientemente un joven llegó a ser cristiano en nuestra iglesia en Edimburgo. No asistía a iglesia alguna. Normalmente su sombra no caería sobre la entrada de una iglesia. Pero él tenía un interés en común con mi hijo. Ambos cantan  en bandas de música rock. Durante un período de siete años mi hijo hablaba con él y discutía con él la verdad del evangelio. Este año aquel joven llegó a ser cristiano. ¡Los que no son Cristianos no se convierten si no nos relacionamos con ellos!   

Hay otra dimensión significativa aquí que tenemos que considerar. Tiene que ver con las connotaciones para aquella cultura de encontrarse en el pozo. El pozo fue un lugar de encuentro y símbolo de la vida y los valores. En el libro de Génesis, el pozo fue lugar de encuentro con el Señor para Hagar. También fue  lugar de encuentro romántico entre un hombre y una mujer, como en el caso de Jacob y Raquel. Jesús estaba plenamente consciente de estas connotaciones cuando se encontró con esta mujer. Era una persona marginada como Hagar. Sin embargo, quiso conquistar su corazón, no en el sentido romántico (aunque tal pensamiento podría haber existido en ella), sino como su Salvador.

Cuando evangelizamos debemos de estar conscientes de la historia de las personas a quienes hablamos, tanto de su historia personal como de la historia de su pueblo. De esa historia saldrán detalles de significado que cobren importancia cuando intentamos ganar a estas personas para Cristo. No debemos tener vergüenza de relacionarnos con gente marginada, aún corriendo el riesgo de ser incomprendidos. Los discípulos se sorprendieron al ver a Jesús conversando con una mujer. Luego se le acusó de ser amigo de los cobradores de impuestos y pecadores, y de ser glotón y hasta borracho. Evidentemente, Jesús no era inmune en cuanto a las suspicacias, pero no se le podía reprochar de haber cometido alguna falta. Así debemos de relacionarnos con las personas, pero sin cometer falta alguna.

Despierta la Curiosidad (Juan 4: 10-12)

Hasta cierto punto, Jesús ya había despertado la curiosidad de la mujer cuando le pidió agua. Para comenzar, la idea de la mujer acerca de Jesús fue  sencillamente que era un judío. Veremos cómo cambiaron sus ideas en cuanto a él, pero al inicio no comprendía por qué un judío le pedía agua. No debemos de actuar de una manera predecible y aburrida. Las personas tienen sus ideas y preconceptos de lo que es un cristiano. Los postmodernos creen que la religión organizada es peligrosa y que los cristianos somos hipócritas intolerantes. ¡Hay que darles una sorpresa agradable! ¡Hay que picarles en su  curiosidad!

Jesús ciertamente aumentó su curiosidad con lo que dijo en seguida. Respondió con una de esas preguntas graciosas y enigmáticas tan queridas por los orientales. Le dijo, “Si conocieses el don de Dios y quién es que te pide agua, le hubieras pedido y te habría dado agua viva.” Habló de un don de Dios. Habló de agua viva, y levantó la pregunta de su verdadera identidad. Todos estos detalles fueron calculados para picarle su curiosidad. La mujer comenzó a preguntarse “¿Dios de veras me regalaría algo sin tener que trabajar para ganármelo? ¿Qué es eso de agua viva? ¿Y quién será este hombre que me habla así?” 

Lo que dice, sin embargo, no revela tal reflexión: “No tienes nada con qué sacar agua y el pozo es profundo. ¿De dónde sacarás esta agua viva? ¿Eres  mayor que nuestro padre Jacob que nos dio este pozo?” Aparentó no entenderle. Más probable, a mi entender, es que tomó sus palabras en un sentido que ignoraba las implicancias: tal vez porque le pareció gracioso o para provocarle a este forastero a que se explicara más. De todas maneras disfrutaba del diálogo y quería seguir conversando. No solamente había  comenzado a reflexionar sobre agua viva, que tal vez entendía como agua fresca y corriente, también estaba considerando la identidad de Jesús. Tal vez  pensaba bromeando, o aún en forma despectiva, pero de todas maneras le siguió el diálogo y evidentemente se estaba preguntando si el forastero de veras podría ser mayor que Jacob.

Jesús le hablaba, deliberadamente, en forma misteriosa como hacía  frecuentemente para despertarle la curiosidad a alguien. En la época de la modernidad, que precedía nuestra época postmoderna, la gente tenía  vergüenza de lo misterioso y todo tenía que ser explicado en forma racional. En contraste, en nuestra época postmoderna, a la gente le encanta lo misterioso. Ahora se entiende que la mera razón humana, sin auxilio, no es capaz de darle explicación a todas las cosas. En este punto los cristianos estamos de acuerdo con los postmodernos, aunque no rechazaríamos las explicaciones racionales como ellos lo hacen. Tenemos aquí, en las dimensiones misteriosas y poéticas del evangelio, un punto de contacto con nuestros contemporáneos postmodernos y no las debemos de ocultar. Al contrario, tenemos que presentárselas con confianza como parte del mensaje cristiano completo. Encontraremos que tal presentación atraerá a las personas y no las alejará.

Apela a los Anhelos Profundos (Juan 4:13-15)

Llegado a este punto, Jesús redirigió la conversación a un nivel más profundo. Sabía que esta mujer no solamente tenía curiosidad sino también anhelaba  encontrar satisfacción en su vida. Como muchos no la había encontrado aún. Había tenido cinco maridos y ahora convivía con otro hombre más. Anhelaba encontrar el amor verdadero y sentirse realizada, pero no lo había encontrado.

Mick Jagger de los “Rolling Stones” cantaba: “Yo no puedo encontrar ninguna satisfacción”. Tal es el testimonio de millones, aún de los que aparentan tenerlo todo. El tenista Boris Becker intentó suicidarse: “Había ganado el torneo de Wimbledon dos veces, una de ellas como el participante más joven. Era rico. Tenía todas las posesiones materiales que podría necesitar: dinero, autos, mujeres, todo …Sé que esto suena a muy trillado. Es la canción antigua de las estrellas de la música y del cine que quitan su propia vida. Tienen todo y, sin embargo, están sumamente insatisfechos… Yo no tenía nada de paz dentro de mí. Fui títere, sostenido por cuerdas.” ¡Sin satisfacción!

Esta experiencia de sentirse insatisfecho es común a toda la humanidad. En el siglo XVIII, el poeta nacional de Escocia, Robert Burns, lo expresó para su propia generación:

Más los placeres son como las amapolas en el campo
            Agarras la flor y su belleza se le quita;
            O como la nieve que cae en el río,
            Luce blanco por un instante y luego se derrite para siempre.

¡Sin satisfacción!

El autor Douglas Coupland habla como vocero de la postmoderna Generación X cuando dice: “Mi secreto es que necesito de Dios. Estoy enfermo y ya no puedo llegar solo. Necesito de Dios para que me ayude a amar”. Tales anhelos,  sin satisfacción, para un amor verdadero son profundamente sentidos hoy en el corazón de muchas personas. ¡No fue solamente en la época de Jesús que la gente se encontraba sin satisfacción!

Jesús le habló a la mujer de una sed insatisfecha que siempre vuelve. La mujer pudo comprenderle ya que venía todos los días para sacar agua. Pero Jesús dijo también que él puede satisfacer los anhelos más profundos del corazón humano. El regalo que ofrecía era el agua viva, y que brotaba para vida eterna. Estaba hablando de la vida del espíritu y de una relación personal con el Dios viviente.

La mujer aparentemente malentendió esto. Parece que pensaba que Jesús le estaba hablando de algún tipo de agua milagrosa, pero todavía agua real, que le quitaría el trabajo diario duro de ir al pozo. ¡Aunque no entendía el importe preciso de lo que Jesús le decía, quería obtener lo que le ofrecía! Quería  escapar de su ronda diaria de anhelos insatisfechos. Su tono podía ser todavía jocoso, y hablaba bromeando, pero está claro que las palabras de Jesús habían removido sus pensamientos y captado su atención.

La capacidad de apelar a los anhelos de satisfacción de la gente es uno de los atractivos mayores del evangelio para un mundo trabajado y cansado. Fue así en el mundo griego y romano del primer siglo y sigue siendo así en nuestro mundo postmoderno fatigado. La realización personal y la satisfacción  duraderas todavía están ocultas para el hombre pecador.

Apunta a la Conciencia (Juan 4:16-18)

Llegado a este punto, Jesús parece cambiar bruscamente el tema. ¡Aparentemente desde el aire, le dijo que trajera a su esposo! Un cambio interior repentino también ocurrió en la mujer. Hasta aquí fue locuaz y dispuesta a bromear con el forastero, y ahora se le pusieron tiesos los labios. ¡La respuesta le dio con tres palabras! “No tengo esposo.” Es obvio que Jesús le tocó en algo profundamente sensible.

¿Qué ocurría? ¿Se había puesto Jesús a jugar con ella? Hasta ahora parecía  proceder con gentileza para ganarle poco a poco. Ahora parecía que todo lo había malogrado, y la mujer se puso a la defensiva. Sin embargo, Jesús siguió arando. Puso al descubierto el hecho que había tenido cinco esposos y ahora convivía con otro hombre más. ¡Posiblemente se había divorciado hasta cinco veces! ¡Debía de ser mujer muy atractiva y también insoportable!

En cualquier época, y especialmente en la nuestra, temas como estos son asuntos personales delicados. Nuestra época postmoderna cree que la moralidad sexual es asunto personal. No tiene que ver con las demás personas. Nadie tiene derecho de interponerse. ¿Entonces por qué se entrometió Jesús en la vida íntima de la samaritana? ¿Por qué dirigió la conversación hacia ese tema?

Jesús estaba apuntando a la conciencia de la mujer. Había despertado su curiosidad. Había apelado también a su deseo de conseguir satisfacción, y  ahora se dedicó a hacerle consciente que ella era pecadora. En este punto es,  donde fallamos frecuentemente hoy. Por un lado algunos cristianos se lanzan de frente al tema del pecado. No han ganado todavía la atención de la persona ni su confianza, y la ofende. Por el otro lado, algunos jamás llegamos a hablar claramente del pecado como realidad personal. Jesús nos demuestra el equilibrio perfecto. Ganó la atención y la confianza de la mujer, y luego se dirigió a su vergüenza y culpabilidad.

Aunque el mundo moderno y el postmoderno han intentado desaparecer las ideas del pecado y la culpa, siempre vuelven como para cobrar venganza. Un ejemplo clásico es La Caída escrito por Albert Camus, el existencialista francés. El narrador vio a una mujer joven suicidarse al tirarse de un puente al Río Sena de París. No hizo nada para detenerla. Después de esto, se llenó  para siempre de sentimientos de culpa. No tenía suficiente orientación moral  para poder identificar cuál fue su pecado, menos aún confesarlo y buscar el perdón. Al contrario, se atormentaba con un sentimiento general de culpa.

El hecho de que el mundo ha intentado desaparecer al pecado y la culpa con sus explicaciones, no elimina la conciencia de la experiencia humana. Dios nos ha creado a su imagen y eso significa que sí, tenemos una conciencia. Pero sin ley moral clara, la conciencia no nos sirve de buen guía. Por esta razón hacemos mucho daño a las personas si no apuntamos a su conciencia mostrándoles que Dios, a través de la Biblia, nos ha provisto con reglas morales claras y un camino hacia el perdón para los que han quebrado su ley. ¡La gente de hoy está oprimida por su sentido de culpa, y se siente más culpable aún, cuando le dicen que no debe sentir culpa alguna!

Aunque la mujer samaritana se desconcertó momentáneamente, el cambio de rumbo que Jesús dio a la conversación no le desanimó. Al contrario llegó a tener una opinión más elevada en cuanto a Jesús. Al inicio fue para ella solamente hombre judío (v.9). Después le había preguntado, tal vez bromeando, si era más grande que Jacob (v.12). ¡Pero ahora lo consideraba profeta! (v.9). El cambio de opinión ocurrió porque Jesús destapó sus dolencias y culpabilidad más íntimas. En esto no podemos imitar del todo lo que hizo nuestro Señor, porque aquí estamos observando la operación de la omnisciencia divina “No requería testimonio humano sobre el hombre, porque sabía qué había dentro de un hombre.” (Juan 2:25) ¡Sin embargo, nosotros también debemos de estudiar la naturaleza humana para poder relacionar el evangelio a la situación precisa de las personas y rascar donde ellos sienten la picazón!  Si vamos a seguir el modelo de Jesús cuando evangelizamos, debemos de aplicar el evangelio en toda su plenitud al corazón humano, incluyendo la culpabilidad de las personas. Sólo cuando se da cuenta por dónde ha errado podrá una persona acercarse de veras a Jesús para que le enderece su vida.

Responde las Preguntas Difíciles (Juan 4:19-26)

Cuando la mujer pronunció la palabra profeta, comenzó a pensar en la religión. Ahora que reconocía a Jesús como profeta, pensaba que él debía poder responderle una pregunta que siempre le había intrigado. Los judíos y los samaritanos tenían creencias diferentes y alababan de modos distintos. Su dificultad y la manera de que la expresó es muy actual. Hizo su pregunta simplemente, sin opinar si judío o samaritana tenía la razón. Ni siquiera preguntó cuál de ellos tenía la razón. El hecho de que las religiones compiten entre sí atribuyéndose cada una la verdad absoluta no motiva a la gente de hoy a preguntar: ¿Cuál de las religiones tiene la razón? Más bien les empuja hacia el escepticismo frente a todas las religiones organizadas, y les provee de una razón adicional  para excusarse de las prácticas religiosas.

¿Cómo le respondió Jesús la pregunta de la mujer? La forma en que Jesús respondió es altamente significativa. Algunos, al encontrarnos en situación similar, podríamos concluir que una mujer que contestaba así intentaba de cambiar el tema, porque se incomodaba al verse envuelta en una discusión sobre su propia vida íntima. Intentaba sacarse del anzuelo desviando la conversación, para mezclar un poco las metáforas. Nuestra tendencia sería intentar a forzarle a volver a hablar de “su problema real” y seguir el tema de su pecado sexual.

El hecho de que Jesús no lo hizo así nos enseña mucho. Nos enseña a ser sensibles. ¡No es necesario golpearle la cabeza para ganar a las personas para Cristo! Tenemos que declararles la verdad sobre su pecado, pero no es necesario seguir insistiendo en el tema. Jesús le había dicho la verdad y avanzó a otro tema.

También Jesús le trató a la mujer como persona con ideas y preguntas que tenían importancia y validez. No le dijo que su pregunta era impertinente, aunque tal vez ella estuvo muy contenta al poder cambiar el tema. Le trató con respeto y dignidad como persona y le dio importancia a su pregunta. Si quieres ser evangelista, tienes que aprender a hacer lo mismo. Tendrás que responder a las preguntas reales que te harán las personas, y no a las preguntas que tú prefieres  responder.

¿Cómo resolvió Jesús la pregunta de la mujer (v.21-24)? Es esencial que comprendamos y guardemos en nuestro corazón su manera de tratar la situación porque se trata de un problema que todos nosotros tendremos que confrontar en esta época postmoderna.

Revelación Progresiva

Primero, Jesús enfatizó que ninguna religión humana es adecuada. Tanto las ideas y prácticas judías como las samaritanas estaban a punto de ser superadas. Judíos y samaritanos ambos fracasaron por ignorar la cualidad progresiva de la revelación divina. Los samaritanos se quedaron con tan sólo los primeros cinco libros de la Biblia y una comprensión peculiar y equivocada de lo ordenado por Dios en cuanto al Monte Gerizím (Deuteronomio 27). Los judíos tuvieron el  Antiguo Testamento entero con su interpretación peculiar y equivocada de lo ordenado por Dios a David y Salomón en cuanto al templo. Ambos pensaron tener la última palabra pero se equivocaron. La última palabra de Dios estaba por pronunciarse todavía, en la persona de Jesucristo mismo. Tanto Gerizím como Jerusalén apuntaba a Jesucristo. Sin embargo, aunque era progresiva la revelación divina de la verdad, no iba a progresar para siempre. Jesús demostró claramente que la progresión estaba a punto de alcanzar su consumación. Es importante que comuniquemos esto hoy, para evitar que la gente se quede envuelta de ideas del Antiguo Testamento ya cumplidas en Cristo, como los católicos romanos con su sacerdocio, o los “teonomistas” con su creencia que las leyes civiles del Israel antiguo rigen sobre los estados de hoy.

Verdad Exclusiva

De igual importancia es el énfasis que pone Jesús sobre la exclusividad de la revelación divina de la verdad. Después de enfatizar lo superficial que eran las ideas religiosas tanto de los judíos como de los samaritanos, Jesús señaló que Dios había declarado su voluntad al pueblo judío y a través de él. No era  solamente que los judíos tenían una idea más clara de Dios porque aceptaban  la revelación divina entera, sino que la salvación era de los judíos. Dios había  obrado a través del pueblo judío para lograr sus propósitos. Por eso Jesús se identificó como judío diciendo “Nosotros adoramos a lo que conocemos”. La verdad tiene una dimensión exclusiva. Después de todo, la salvación vino de los judíos y no de los samaritanos, porque Jesús fue judío y toda la historia estaba acercándose a su gran consumación en su persona. ¡No debemos olvidar nunca que Jesús es judío y que el cristianismo es judío de origen! No debemos olvidar cuando evangelizamos que la verdad divina es exclusiva. Jesús no intentaba sintetizar el samaritanismo y el judaísmo. La verdad excluye al error. La verdad de la revelación divina no es relativamente verdadera; es absolutamente la verdadera. No podemos comprometer la verdad del evangelio. La Biblia no es solamente una verdad entre muchas. En insistir en estas declaraciones nos encontraremos en sentido contrario al espíritu de nuestra época, pero debemos de hacer así en lealtad a nuestro Salvador.

Evangelio de Redención

Jesús enfatiza que la salvación es de los judíos. En el cristianismo no se trata fundamentalmente del conocimiento. Nuestro problema no es que somos ignorantes y nos falte conocimiento; nuestro problema es que somos pecadores esclavizados y necesitamos que nos rescaten. Toda la historia de Israel fue historia de la salvación. A través de los dos eventos mayores de la historia de Israel, el éxodo y el retorno del exilio, Dios actuó de manera soberana para liberar a su pueblo de la opresión. Sin embargo, está claro que la opresión fundamental bajo la cual yacía Israel no fue política sino espiritual. “Todos nosotros como ovejas sin pastor, hemos errado, cada uno hemos volteado a tomar nuestro propio camino; y el Señor ha echado sobre él la iniquidad de todos nosotros” (Isaías 53:6).                                                                 

En nuestra práctica de la evangelización debemos enfatizar, como central para la fe cristiana, la salvación divina soberana. Sólo Dios puede salvar. Lo hace solamente a través de su Hijo, Jesucristo. Es sólo la vida justa, la muerte expiatoria y la resurrección vivificante de Jesús que nos salva del pecado. Somos débiles sin capacidad alguna para salvarnos a nosotros mismos. Los hombres y las mujeres postmodernos rechazan estas declaraciones como inaceptables. Los postmodernos dicen que han renunciado al racionalismo, pero no han renunciado al humanismo, que es la creencia que la respuesta está en el hombre. Sin embargo, las personas nunca se harán cristianas sin antes aceptar que sólo Dios las puede salvar. ¡No debemos tergiversar esta verdad!

Mensaje Espiritual

Está bién claro en el Antiguo Testamento que los propósitos divinos incluyen a todas las naciones y no sólo a Israel. Cuando Dios inauguró su pacto con Abraham, aclaró que a través de Abraham, y a través de su simiente, todas las naciones serían bendecidas. (Génesis 12:3 y 22:18). En el momento de la conversación entre Jesús y la samaritana esta promesa estaba a punto de ser cumplida. Los adoradores verdaderos de Dios ya no serían atados ni a lugar, templo o nación alguna. Adorarían a Dios en espíritu y en verdad. El camino se abría tanto al samaritano como al judío por la salvación divina soberana. Ya no adorarían por medio de ritos asociados con lugares específicos o en grupos étnicos exclusivos, como se hacía en la infancia de la raza humana. “Que los pueblos te alaben, oh Dios; que los pueblos todos te alaben. Que las naciones se alegren y canten por gozo…” (Salmo 67:3,4). Ahora las personas tienen que adorar en espíritu como los que ya maduraron, y en toda la gloria de su individualidad ya que son hechos a imagen de Dios como seres espirituales. También deben adorar en verdad, de acuerdo a lo revelado por Dios y a la vez de manera genuina y sincera.

Todas estas eran buenas noticias para la mujer samaritana. El camino a Dios no estaba cerrado para ella por causa de rituales especiales o su identidad étnica, ni tampoco porque era persona marginada por su sociedad. El camino está abierto para todos.

¿El Éxito?

Se ha intentado seguir el pensamiento de Jesús mientras conversaba con esta mujer y comprender la metodología que usaba para la evangelización personal. ¿Pero tuvo éxito? ¿Qué efecto tuvo en la mujer?

No tengo la menor duda de que esta mujer llegó a creer en Jesucristo. Algunos dirán que la invitación que hizo a sus conciudadanos cae corto de la medida plena de la fe, ya que preguntó “¿Podría ser este el Cristo?” (Juan 4:29). Tal conclusión ignoraría dos detalles. Primero, a través de estas palabras estaba  invitando a otros y no estaba declarando su propia fe. Ejercía sabiduría en escoger sus palabras. No estaba tomando decisiones por ellos. Les invitaba a considerar a Jesús por sí mismos. Después de todo les decía: “¡Vengan a ver a un hombre!”. ¿Por qué lo haría si Jesús no le hubiese impactado?

Segundo, y con mayor claridad, dijo: “Vengan a ver a un hombre que me dijo todo lo que he hecho.” Tomando en cuenta que, probablemente, estaba exagerando, ¿qué quería decir? No tengo duda alguna de que sus palabras se explican considerando la última parte de su conversación con Jesús. Ella le  dijo: “Sé que el Mesías (es decir, el Cristo) viene. Cuando llega nos explicará todas las cosas.” Jesús le respondió: “Quien te habla, aquello soy” (Juan 4:25,26). Ya tenemos tres afirmaciones. La mujer creía que el Cristo explicaría  todo. Jesús declaró que él mismo era el Cristo, y la mujer proclamó que Jesús le había dicho todo lo que ella había hecho. La única conclusión lógica es que estaba de acuerdo con la afirmación que Jesús hizo de sí mismo, que él era el Mesías. La mujer se convirtió.

¿No nos llama la atención que la mujer haya ido inmediatamente a decirlo a otros? Esta es señal segura de una fe genuina. ¡Que sigamos nosotros su ejemplo de seguir el ejemplo de Jesús evangelista!

Rvdo Alex MacDonald,

Buccleuch and Greyfriars, Edinburgh,

Iglesia Libre de Escocia.

Conferencia en el SEL, octubre 2003

Todos los derechos © Recursos Teológicos

Acerca de bereano20

Por mas de 23 años he estudiado las Escrituras. Quiero animarles a meterse en las profundidades de la Palabra de Dios. I have gone into the writings for over 23 years. I want to encourage them to get involved in the depths of the Word Of God.
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